viernes, 9 de enero de 2015

El avispero


Pongamos que, vas caminando por un parque semidesierto y, en un recodo del camino, junto a un árbol, hay un avispero. No sabes si hay avispas dentro, y pese al riesgo, te aventuras a darle una patada para ver si hay algo que puedas obtener de su interior. Y efectivamente, al golpearle, salen unas pocas avispas. No obstante y contra toda lógica, ya sabiendo que hay avispas, te decides y vuelves a patear el avispero. Esta vez las avispas, tras la advertencia inicial, proceden a atacar en grupo y te cosen a aguijonazos, causándote la muerte.

Vista la situación, ¿debió sorprenderse el sujeto que pateó el avispero?¿hasta qué punto es culpa de las avispas y hasta qué punto del sujeto las heridas que sufrió este último? ¿Hay proporcionalidad entre la acción y el resultado?

Algo así, podríamos extrapolar al día de hoy. Sabes que, realizando determinadas acciones, puedes ser atacado, y aún así, decides realizar la acción ofensiva enarbolando unos valores, de los que tu sociedad se jacta, pero que a la hora de la verdad, son a menudo una excusa para transgredir los límites del respeto sobre otra sociedad, que, sin duda, no es tan permisiva como la tuya.

Creo que los incidentes de estos días nos han de servir para reflexionar sobre cuales son y cuales deberían ser los límites y reglas de convivencia para dos sociedades que por sus características demográficas y geopolíticas están condenadas a convivir, y quién sabe si, en que circunstancias, a entenderse.

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