Yendo al significado de la propia palabra Ultra-., es fácil entrever como en este caso, lengua y realidad van cogidas de la mano. Ultra-., que como raíz quiere decir más allá, define bien como los tipos que ayer domingo, se llevaron la vida de, más allá de los tintes políticos, uno de los suyos, una de esas personas que sólo supo vivir en los extremos para darle sentido a su existencia, inconscientemente, suponemos.
Porque el reprobable acto de ayer, en que un "aficionado" radical perdió la vida, fue, como su propia denominación indica, ir más allá, más allá de la sensatez, más allá de la estupidez, más allá del sentido común, en tanto en cuanto ni se pierde ni se gana nada, luchando por representar unos colores, políticos o futbolísticos, a los que ni les van ni les vienen sus trifulcas de barrio.
Ser un ultra, como aficionado, significa ser parte de un grupo, que vive al amparo de otro alternativo más grande y potente, y el hecho de formar parte de ese grupúsculo, como impostado representante de aquel, es su insignia. Vivir como ultra es ser un peón del tablero, morir por el rey en cualquier callejón o envite del destino, por vano que sea, como medio para que el monarca siga viviendo.
Pero en esta ocasión, nadie llamó a los ultras para que sean parte de este juego. Por eso son ultras y van más allá de la propia finalidad del mismo; y por ello esta filosofía de vida del más allá, a veces, se paga con la vida.
Porque el reprobable acto de ayer, en que un "aficionado" radical perdió la vida, fue, como su propia denominación indica, ir más allá, más allá de la sensatez, más allá de la estupidez, más allá del sentido común, en tanto en cuanto ni se pierde ni se gana nada, luchando por representar unos colores, políticos o futbolísticos, a los que ni les van ni les vienen sus trifulcas de barrio.
Ser un ultra, como aficionado, significa ser parte de un grupo, que vive al amparo de otro alternativo más grande y potente, y el hecho de formar parte de ese grupúsculo, como impostado representante de aquel, es su insignia. Vivir como ultra es ser un peón del tablero, morir por el rey en cualquier callejón o envite del destino, por vano que sea, como medio para que el monarca siga viviendo.
Pero en esta ocasión, nadie llamó a los ultras para que sean parte de este juego. Por eso son ultras y van más allá de la propia finalidad del mismo; y por ello esta filosofía de vida del más allá, a veces, se paga con la vida.
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